12 mayo 2009

Siesta.

Estoy rodeado de montañas, un día cualquiera en alguna parte entre el principio y el fin del mundo. La gente que me rodea, poco a poco, comienza a desvanecerse, mientras me fundo con este banco de madera en el que estoy tirado. Un banco de madera que hace años que no tiene quien se siente.

El banco y yo nos convertimos en uno solo, parece que duermo, pero en realidad estoy dentro del tablón de madera. Comienzo a sentir una suave brisa que me refresca y me hace sentir más vivo de lo que he estado nunca. Parece que vuelo, pero no voy a ninguna parte.

La brisa trae aromas de recuerdos y momentos perdidos en el olvido. De repente me veo a mi mismo sentado en ese banco, un poco más joven, con esa primera chica que me enseñó de que color son los sueños. Me estremezco al recordar aquellas sensaciones perdidas pero tantas veces rememoradas.

Me traslado en el tiempo hasta un futuro aún no disfrutado. En ese mismo banco me veo con unaversión en miniatura de mi mismo. Posiblemente sea mi hijo. Jugamos y hablamos de su futuro, de lo que mi vida podría haber sido y de lo que ha terminado siendo.

Pasa una primavera, un verano, el otoño y finalmente el invierno. No envejezco pero disfruto de todas las vidas que puedo tener y no tengo. Finas gotas golpean mi cara como una llovizna insistente y descarada. Abro los ojos poco a poco. No estoy dentro de un banco, estoy tumbado sobre él. No está lloviendo pero unos muchachos me tiran agua a cierta distancia. Despertándome de la siesta y rompiendo mis sueños.


FIN.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

maria_s_world@hotmail.com
Tenemos mucho de lo que hablar.